De tu cuerpo en mi cuerpo, de Jesús Ayet

De tu cuerpo en mi cuerpo, de Jesús Ayet

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Descripción


Me arden las entrañas de tenerte dentro, me arde el corazón y me arden las manos de tanto acariciarte.

Me arde el pensamiento y me arden los sueños, y contigo en mi ser me alcanza la mirada de la luna.

Dichosa de mirarnos y sentir la ternura que imagina o presiente.

Estás en mi interior, sin apenas moverte, y el gozo de tenerte en mí ilumina la noche y prende las estrellas.

La luna se hace mía, el universo entero entra contigo en mí, me llena de galaxias y de estrellas.

Me llena de tu luz, pues se derrama en mí toda la esencia de tu ser, de tu ser en mi ser.

De tu cuerpo en mi cuerpo, entero en mí como si fueras mío, pues mío eres en mí y tuyo soy como estrella o cometa.

Como constelación o como noche, noche en mí de tu ser, derramada y profunda.

Sembrándome de ti y ardiéndome de ti, dentro de mí como fuego en volcán, o como parto inesperado.

Alcanzado de ti por el camino inmenso, interminable, de la pura palabra.

Eres palabra en mí, amado, dulce Amigo, eres palabra en mí y movimiento en mí.

Y eres la quietud en mí que me madura en rama como fruto o espiga, como hoja o caricia, como grito o silencio.

Silencio soy en ti, silencio eres en mí, pura palabra que me llena de ti.

Dentro de mí tu ser, prendiéndome, quemándome, haciéndome gozar del calor y del pleno cumplimiento.

Ardo de ti como luna del sol, pero Tú no estás lejos, no estás lejos de mí.

Ni lejos de la noche, ni lejos de la estrella, ni lejos de la duna en que yacemos.

Estás dentro de mí como el deseo, haciéndome saber cómo es la noche, cómo es la mañana, cómo el amanecer.

Haciéndome saber tu habilidad para parar el tiempo, tu poder visceral para pararlo todo y todo detenerlo y contenerlo.

En ti la luz del sol, y en mí, dentro de mí, la llama que Tú eres de amor y de verdad.

La llama que Tú eres, prendida cada vez que me ocupas y llenas.

Que me prendes y luces, que me das a la luz y me haces del mundo, sembrando cada cosa en mi interior.

Cada cosa del mundo en mis entrañas, que me arden de ti, encendidas de ti, hechas puras en ti.

Que me siembras y llenas para que todo crezca en mí de tu presencia, amado, dulce Amigo, deleitosa presencia.