Tras la noche desaparecida quizá el sueño de Escipión cobre vida en tu pálido portal. Solitaria fosa de almohadas húmedas y algas con las que alimentamos la torre sin ojos. Dentro de este telón del inverno-ausente hemos construido “un hogar para la muerte”. Solo falta el feliz acorde del trasnochado Apolo para disfrazar a este anónimo héroe. Lo haremos con viejos periódicos y recortes de guerra recicladas en viejas papeleras urbanas. Confiscaremos árboles de alambre y otras telas para someterlas a las corrientes siberianas. Será como quiera que la noche desaparecida nos encuentre en este lugar de funestas canciones.