La estación se vacía. El tren avanza sobre sus propias quejas. Tras la ceremonia del ocaso se han desplegado los cartílagos del frío. Prendida a la ropa hemos subido al tren su destemplanza.
Hay a quien le duele esta partida como un desgarro en la piel: sus ojos van quedando lejos. Quizá sólo sus ojos queden en el andén. Quizá queden allí hasta el reencuentro.