Poisoned poems, de Alberto Díaz-Díaz

Poisoned poems, de Alberto Díaz-Díaz

8,00 €

Descripción

EXCLUSIÓN



¿Cómo quieren ver crecer una expresión que nace condenada?

¿Dónde aceptan mi arte y mi pensamiento?

La virtud del mundo es su fanatismo.

Fácil y conducible como toda corriente masificada.

¿Para qué quiero mi capacidad oratoria

O mis aptitudes literarias

Si mi escritura y mi voz son censuradas de continuo por su apego a

la verdad?

El mundo europeo es sucio, es turbio, hostil

Xenófobo, racista, colmado por el odio

Es vil engañador y taimado como sus aliados yanquis o

australianos

No me matan de hambre pero me mantienen sediento

No me clavan el punhal pero me niegan la asistencia médica

Así queda como que mis fuerzas no alcanzan para llegar

Y yo sólo busco no arrastrarme, evitar el reptar

Y es eso precisamente a lo que aspiran.

Verte a sus pies mendigándoles la vida y el alimento

Crean dioses, estructuran religiones

Erigen templos, y en ellos pretenden blanquear la sevicia que los

mueve.

Ocultando el mal tras el pésimo disfraz de las vestiduras y las

ofrendas a la deidad del oro y el poder

Mundo lascivo que te aprovechas de la indefensión de las doncellas pobres para cabalgarlas y azotarles los lomos por una pocas

monedas de violencia.

Mundo indiferente a la poesía y vuelto rotundamente de espaldas

a la autenticidad aplicando el fraude en todo

Con los vientos siempre a favor de las mismas fortunas.

Mundo de alardes, de ruidos, de algarabía

De tramposas celebraciones

Encubridora cortina de confusión

Traidor velo de conspiración

Las abominables criaturas del sórdido impulso natural

Instinto eliminatorio

Bondad cercenadora y falsificada

Todos se lamentan de su suerte y ninguno protesta ni exterioriza

su descontento

Es la villanía de la conformidad dictada por los cánones de la

reglamentación espiritual

Huir de la certidumbre es la escapada común

Las alianzas quedan para comunión de los canallas

Las amistades restan, siempre sustraen, siempre son menos.

Siempre tienden a desaparecer como mismo huye el fugaz paisaje

atisbado desde la ventana del tren.

Lo que queda, lo que permanece

Nos está rotundamente prohibido

Separado por una distancia físicamente insalvable

De ahí le viene al hombre la angustia

Es la carta de la exclusión

La horca por separación social

Es esta la igualdad y la justicia del progreso

Así son los adalides del mundo

Los lanzadores de bombas del «Primer Mundo».