Te acompañan las ancas de las peñas y ese diálogo continuo con las cosas. Mientras, cruza la vida sin hipérboles, tal como es, crujiendo en su arpillera. No necesitas más, afuera queda el mundo y por dentro esa línea de silencios donde encuentras tu imagen sin retoques y ese poema esquivo que no asoma. Nunca hablará. No hallarás silabarios ni esquifes que te acerquen a su tierra.
Te acompañan los límites, las cercas, el horizonte en línea de acero negándote el permiso. Pero también tu fuerza sosteniendo tus fueros y un supuesto poema por cuerpo de delito.