Límite vertical Corremos sin parar en un laberinto que hace tiempo forjó muros más altos que la mirada no de ensueño ni de ideas que quieran volver a erigir un trono celestial sino de ceguera muros blancos resplandecientes que impiden pensar en algo distinto en ese algo distinto que nos quita las palabras de la boca que hace posible que esas palabras sean dichas sin mordernos los labios en suculenta merienda.