Como una serpiente se acerca el río, su amor azul canta a mi lado. Salto en esta mi pobreza dolorosa buscando un vestigio de luz entre las nubes, y es en soledad que el río me contesta. Me sabe atento a su capricho, se alimenta de mi afán perdido. Yo a mi vez bebo de él el aliento que me falta. Hoy cantan de mí las cigarras en este tirano calor de un agosto inapelable en que sueño la lluvia y una vida ya libre de las piedras. ¿Qué es vivir sino andar soñando, la mirada siempre más arriba? Donde el misterio contesta todas las preguntas, donde la luz de la mañana va poniendo el nombre en cada cosa y la pinta de belleza.